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La envidia ¿cómo manejarla?

Sobre la envidia y cómo manejarla

¿Qué es la envidia?

La envidia es una de las emociones menos toleradas en la sociedad, en la medida en que la expresión de la envidia se convierte en motivo de rechazo por parte de los otros, y es motor de comportamientos de destrucción y venganza hacia los demás. Se trata de un sentimiento doloroso que es difícil de reconocer porque daña nuestra imagen, dado que supone asumir que deseo algo que no tengo y que otro si tiene; y esto nos puede hacer sentir tremendamente vulnerables.

En la mitología griega, la envidia se relaciona con Némesis, diosa de la venganza que se encargaba de vengar a los amantes infieles, así como de aplicar justicia; y Ptono, dios de los celos. Es frecuente que la envidia elicite sentimientos de ira, destrucción, celos, y venganza como una forma de satisfacer o calmar la angustia y frustración de que yo no puedo conseguir algo; pero la ira y la venganza son un pobre manejo de este sentimiento se basan en destruir lo que otro tiene, en lugar de aportárnoslo a nosotros mismos, manteniéndonos insatisfechos frente al deseo. Esta destrucción hace a la envidia un sentimiento inaceptable para uno mismo, pues es contrario a los sentimientos placenteros de amor, protección, alegría, y bienestar.


La intolerancia frente a la envidia en nuestra sociedad

Hemos crecido en un entorno donde la envidia ha sido considerada uno de los siete pecados capitales, donde aprendimos que es malo sentirla, y peor aun, expresarla. Y hemos asumido la idea de que hay una envidia que es sana y otra que no es sana; pero todas estas enseñanzas no hacen sino empeorar nuestra tolerancia hacia la envidia: es un sentimiento más, y los sentimientos no son morales, no se pueden juzgar como algo malo o bueno. Ningún sentimiento es malo o bueno por definición, simplemente es útil o no para nuestros propósitos y la situación en que se ha generado; pero los sentimientos son mensajes de lo que nos está sucediendo por dentro.

La envidia es un sentimiento poco aceptado, y es muy poco frecuente que las personas que acuden a consulta hablen de él. Pueden hablar de que quieren vengarse de alguien que les ha hecho daño, que otro ha sido malo con ellos, que otro tiene lo que ellos no tienen; pero rara vez mencionan claramente los sentimientos de envidia. Esto es así por el rechazo y vulnerabilidad que producen: si pensamos en reconocer abiertamente ante un amigo que le tenemos envidia por su nuevo puesto de trabajo, ¿resulta fácil? Incluso, ¿es fácil reconocer que la casa de ese vecino charlatán y tedioso es más bonita y espaciosa?

Lo habitual es que desplacemos esa envidia hacia la rabia contra esa persona que tiene lo que nosotros queremos, y que nos centremos en despreciarla (“el vecino es un pesado”) frente a aceptar nuestro propio sentimiento de envidia, pues esto implicaría reconocer nuestras carencias. Dando un paso más, imaginemos la situación de que se nos pasa por la cabeza que el novio de nuestra amiga es más guapo que el nuestro, la propone planes muy interesantes cada fin de semana, además la cuida cuando ella se pone enferma llamándola por teléfono, y hoy que es San Valentín la ha regalado dos entradas para su concierto favorito.

Hasta aquí, podríamos alegrarnos por nuestra amiga; pero y si tu no has obtenido ni una postal por San Valentín y de hecho todavía estás esperando tu regalo de cumpleaños, hace tiempo que ya no te arreglas para salir con tu novio porque ya no te sientes especial, y es complicado sacarlo de Netflix. En esta situación, estás sintiendo envidia si todas estas cosas son importantes para ti. Hay personas que con este ejemplo pueden pensar que eso no quita que se alegren por su amiga, ¿pero tampoco que te alegres por tu amiga quita que sientas envidia, no?

Otras personas pensarán que este ejemplo les da igual, porque están satisfechos con su pareja o porque ninguna de estas cosas es importante para ellas. Entonces, si piensas  en las cosas que son importantes para ti y que deseas con mucha fuerza (tómate un minuto para hacer una lista mental), e imaginas que no las tienes, y es más; que otro las tiene y goza libremente de ellas; entonces estarás sintiendo envidia, y lo más probable es que trates de evitar este sentimiento pues es difícil de asumir.

La mayoría de personas evitamos nuestros sentimientos de envidia, por ejemplo podemos pensar en qué clase de amiga somos si envidiamos a nuestra amiga por lo que tiene y repetirnos incesablemente que estamos muy felices por ella; o felicitar a nuestro amigo por su puesto de trabajo porque se lo merece; pero esto solo encubre o trata de evitar la envidia que es muy desagradable; pues además solemos sentirla hacia personas cercanas, lo que hace aún más complicado asumirla porque ¿si le quiero, porqué le tengo envidia?

La envidia es una emoción que se asocia a la destrucción y daño del otro, por eso negamos nuestros sentimientos de envidia en las relaciones íntimas, porque implica de algún modo aceptar el impulso de querer dañar a alguien a quien queremos. Esto no quita que algunas personas actúen con su envidia y dañen a sus amigos motivadas por ello, pero es común tratar de apaciguar estos sentimientos.

Esto sucede de otro modo cuando la envidia es hacia alguien que no consideramos importante, pero si tiene algo que deseamos, que es importante y que no tenemos; como en el ejemplo de la casa del vecino. En este caso es frecuente desplazar la envidia hacia la rabia contra el vecino, pues no nos importará echar pestes sobre él dado que no se pone en juego una relación de amistad. Pero lo que estamos haciendo no es diferente del caso anterior: desplazamos el sentimiento de envidia hacia otro sitio, y en este caso, en lugar de reconocer que nos hace sentir vulnerables o carentes, el vecino se convierte en objeto de nuestra ira y maldad, y a veces puede favorecer comportamientos de destrucción hacia él (ya sea hablar mal del vecino, o ya sea ensuciar su jardín). 


La aceptación de la envidia

En la medida en que la envidia es una emoción difícil de expresar hacia aquellos que envidiamos, e incluso difícil de reconocernos a nosotros mismos; hace que muchas veces tengamos la idea de diferenciar envidia sana de insana, mala de buena; cuando en realidad envidia es envidia, ni mala ni buena. No hay motivos para diferenciarla, no hay envidia sana ni insana, pues lo que llamamos envidia insana podría entenderse como comportamientos de destrucción del otro, y sentir envidia no implica agredir: agredir es un comportamiento, envidiar, un sentimiento o una fantasía. Es como cuando pensamos en las mentiras piadosas, que nos hace sentir menos culpables, pero resulta importante desvincular la envidia de los juicios morales: es un sentimiento más, como cualquier otro y no es ni malo ni bueno.

Lo que se considera socialmente como envidia mala o insana es la destrucción del otro que tiene lo que queremos, pero la destrucción es un acto, una elección; y las personas podemos elegir qué hacer con nuestra envidia. Muchas personas pueden tratar de evitar su envidia por ese miedo a dañar al otro, o ese miedo a verse como malas personas, pero la envidia no es un sentimiento malo, sino desagradable; y como cualquier sentimiento es útil preguntarse por qué está ahí, qué mensaje nos está mandando.

La envidia no aparecería en estos ejemplos si nos sentimos realizados con nuestro puesto de trabajo, si nuestra relación de pareja es satisfactoria, o si nos gusta nuestra casa; pues es un sentimiento que nos habla de nuestras carencias, y este es el componente que hace difícil sobre llevarlo.La envidia es el sentimiento de deseo intenso hacia algo que otro posee, y este deseo es intenso


por eso fomenta nuestra angustia, además de que implica que nosotros no lo poseemos, es decir, tenemos una carencia frente al otro, de algo que no hemos conseguido. Por tanto, una consecuencia de la envidia es la frustración. Una persona con carácter envidioso sería una persona tremendamente frustrada, con experiencias de deprivación y carencia. A veces, el sentimiento de envidia está asociado a la destrucción del otro, o de lo que el otro tiene, a arrebatárselo, enfadarnos con él, o querer vengarnos; porque todo esto más fácil que reconocer que no tenemos algo que deseamos y tolerar esa frustración e impotencia. Pero estos comportamientos son diferentes de sentir envidia, y es importante entender que ésta es un sentimiento más, y lo que hagamos con él es nuestra responsabilidad.

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