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La adolescencia no dura para siempre

La adolescencia es la etapa vital más temida por los progenitores, en parte con razón. El adolescente en su evolución de niño a adulto sufre cambios únicos en su existencia: Físicos, hormonales, cerebrales, familiares y sociales que provocan cambios en su comportamiento, muchos de ellos inevitables:

Una transformación cerebral

En esta etapa se produce una fuerte transformación cerebral que afecta a las mismas áreas que se ven afectadas en la esquizofrenia:

  • Poda de conexiones inútiles, conexiones que le fueron útiles en la infancia, y ya no lo son, esto crea confusión y torpeza.
  • Aumento de velocidad en las conexiones neuronales y creación de nuevas redes lo que provoca irritabilidad.
  • Centro de recompensa del cerebro más activo que en cualquier otra etapa de sus vidas que conlleva mayor valoración del premio sobre el riesgo y búsqueda de la gratificación inmediata.
  • Reducción de la materia gris lo que provoca un aumento de las habilidades cognitivas y de razonamiento.
  • El Desarrollo cerebral se inicia en el sistema límbico –responsable de las emociones- y termina, años después, en el córtex prefrontal– responsable de la previsión y planificación-, lo que produce ese comportamiento impulsivo. (Tarda años en “filtrar” adecuadamente las emociones y reaccionar de la forma más inteligente).

Todo esto convierte al cerebro adolescente en un cerebro más vulnerable a la depresión, violencia, adicciones, enfermedades mentales y suicidio (principal causa de muerte en la adolescencia).

Grandes cambios hormonales y físicos

  • Se pone en marcha una revolución hormonal producida por FSH, LH que provocan una maduración sexual, que conlleva el desarrollo de genitales exteriores, aparición del semen , periodo, crecimiento del bello… En una reacción en cadena, que los convierte en individuos aptos para la reproducción.
  • Se produce más Dopamina, que favorece la necesidad de gratificación inmediata.
  • Mayor nivel de Oxitocina, lo que provoca una mayor preocupación por la imagen propia.
  • La producción de Melatonina se retrasa de una a dos horas, es la razón por la que no encuentran el momento de irse a la cama y les cuesta tanto levantarse y nos parecen perezosos.

Por otro lado, se producen cambios físicos drásticos, y esto crea confusión:

  • Crecen los órganos internos
  • Se aumenta bruscamente la talla.
  • Este crecimiento es descompensado, en diferentes momentos del tiempo, lo que crea torpeza.
  • Se produce una redistribución de la grasa, sexualizandoles.
  • La presión social aumenta considerablemente, es el momento en el que sienten la necesidad de “volar del nido” sin la protección de su familia. Esto lleva al gusto por la novedad, la independencia, la dependencia de los iguales y rechazo de la autoridad.

Siendo el social un entorno en el que son los más inexpertos, los menos valorados y con menos herramientas para el éxito hasta que maduren, esto produce baja autoestima.

La familia debe cambiar. Si en situación normal TODO cambia, la familia más. Es un sistema que resulta sano y beneficioso cuando todos sus miembros se desarrollan, ninguno de ellos sacrifica su desarrollo por otro. Y el desarrollo implica cambio.

El padre, la madre sienten la pérdida del niño. El hijo, la hija siente la necesidad de separarse física, psicológicamente… y al mismo tiempo siente pena por ello.

Los padres deben ser generosos, su función es facilitar este desarrollo para conseguir que su hijo o hija, llegue a una situación de autonomía, de criterio propio…. Su máximo potencial, su mejor versión. Y no lo hará si no se lo permitimos, si le ponemos obstáculos.

Es una CRISIS en toda regla, en la que se producen cambios involuntarios, sufrimiento y frustración. Sin embargo si optamos por hacer la lectura de crisis al modo japonés, lo que tenemos delante es una OPORTUNIDAD. Frente a todo cambio existe la posibilidad de mejora. Y dado que el cambio es INEVITABLE… saquémosle partido.

Esta transición es común a todos los mamíferos, el paso de cachorro a adulto (pubertad). Por tanto y tomando como referencia la naturaleza –criterio base de la educación-, debería ser lo más corta posible para que las consecuencias negativas de esta etapa transitoria no se alarguen innecesariamente con el peligro de cronificarse.

Por qué es una oportunidad

  • Cómo ya hemos comentado están más abiertos al cambio que nunca lo estarán. Y De forma natural se plantean todas las creencias y valores recibidos por sus padres y entorno para decidir cuáles van a mantener y cuáles van a desechar. Es un momento en que amplían su entorno ,sus expectativas, abiertos al cambio y a la novedad, de forma que si hemos detectado alguna creencia limitante que no le conviene, es el momento de hacerles ver siempre la existencia  de otras opciones. Con respeto, valorando positivamente su forma de ser, independientemente de la corrección de su comportamiento. A través, pues del AMOR INCONDICIONAL. Mediante la influencia, alejados de la imposición… que rechazarán como rechazan la autoridad de forma natural.
  • Se optimiza el funcionamiento de su cerebro, por ello debemos ofrecer el máximo número de experiencias, cuidando su seguridad, con límites. La dificultad está ahí, en el equilibrio de estos dos parámetros. Dando oportunidades y posteriormente valorando la reacción del menor en función de si está o no preparado para seguir su salida al mundo y en la búsqueda de su “elemento”, aquello que le gusta y se le da bien. (Normalmente coinciden)
  • Y si conocemos su MOTIVACIÓN, veremos que se encuentra en su punto más alto, podremos ayudar a nuestro hijo a avanzar en su desarrollo. No te dejes confundir por el hecho de que ya no son las mismas que en la infancia, es lo natural. Las motivaciones principales van evolucionando, desde la necesitad de distanciarse, más propio de los primeros años, hasta la pareja y el futuro laboral al final de la adolescencia.

¿Qué hacer?

Todo desde favorecer su autoestima basado en la verdad.

  • Lo primero informarse y informar a nuestro hijo, hija respecto a los cambios y nuevas necesidades del menor.
  • Ralentizarlos, ya que naturalmente tienden, como ya hemos visto a la impulsividad. Mediante conversaciones, temas, ámbitos y actividades relajadas. Con trato ejemplar en este sentido por nuestra parte, respecto a él y a los demás.
  • Enseñarles a pensar Razonar. Argumentar. Negociar…. Mediante preguntas: ¿Qué sentías? ¿Qué sentía el otro? ¿Qué reacción hubiera sido aceptable para ti?¿Por qué crees que eso no ocurrió?¿Que puedes hacer para que en la próxima ocasión ocurra?
  • No dar “armas”…”macrofiestas”, ciclomotores, exceso de dinero disponible o adquirido sin esfuerzo.
  • Aumentar su autoestima desde sus cualidades reales… alejadas del «campeón», «princesa», «eres el más guapo», «eres el más listo»…. más cerca de: «Se te da muy bien a ti expresarte…» «Eres muy hábil haciendo eso…» «Demostraste ser inteligente al elegir esa formación…»

Debemos enfocarnos en lo que se hace bien a partir de ahora, en el presente y no lo en lo que se hizo mal, en el pasado

Tú, Padre, Madre, tienes todo lo NECESARIO para hacerlo. Le quieres, le conoces, le valoras y EL, ELLA A TI TAMBIEN (aunque a veces sientas que has perdido su cariño), y además VIVÍS JUNTOS.

https://www.psicoactiva.com/blog/la-adolescencia-no-dura-para-siempre/