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Posibles consecuencias de las relaciones invertidas en el núcleo familiar

La primera a destacar, dentro de las más comunes, es la pérdida de una etapa del desarrollo en la vida del niño, se convierte en adulto, antes de lo que el desarrollo evolutivo lo requiera y esto es una gran carga que puede pesarle a lo largo de su vida.

Juicios: El ser confidente, tomar decisiones, hacerse cargo de otros hermanos, de tareas del hogar etc., cuando no le corresponde, le otorga al menor un derecho inconsciente a reprochar a sus padres lo que no le guste, con lo que no esté de acuerdo, a ordenarles y a criticarles.

Autoestima: La pérdida de su rol de niño, le impide desarrollarse emocionalmente a su ritmo y esto afectará a su concepto de sí mismo, temiendo excesivamente no cumplir expectativas, devaluándose en comparación con los demás, no sintiéndose suficiente.

Individualización: Suelen tener dificultades a la hora de separarse de su familia y construir su propia vida, normalmente por sentimientos como culpa y/o vergüenza, existe una tendencia a creer que los está abandonando, no puede, lo que puede generar en la persona sintomatología ansiosa y/o depresiva, lo que, si se prolonga en el tiempo, puede llevarle a desarrollar un trastorno del estado de ánimo.

Disponible y cuidador: Se muestran muy preocupados y atentos por sus seres más cercanos, anteponiendo las necesidades de los demás a las suyas propias, algo que se extrapola al ámbito laboral, tendiendo a trabajar muchas horas, a tener dificultad para decir que no y poner límites, a desconectar.

Relaciones de pareja: Debido a la inversión de la relación y a lo comentado anteriormente con respecto a la individualización, las relaciones sentimentales también se verán afectadas. Son personas con dificultades para mantener pareja por la “obligación” que sienten con su familia y que cuando las establecen suelen ser relaciones de dependencia y/o codependencia donde puedan ayudar, cuidar, sentirse “útiles” en la forma en la que han aprendido a lo largo de su vida, sacrificando en muchas ocasiones su felicidad por el deber estar, no por el querer compartir su vida con esa persona.


¿Qué se puede hacer?

Si estás leyendo esto y te sientes identificado tanto como padre/madre, como hijo/a, lo más importante es darse cuenta, tomar consciencia de lo que está ocurriendo en tu sistema familiar y saber que no está todo perdido, que esto puede cambiar.

Cuando uno cambia, el sistema cambia, se mueve, se sana en este caso y es fundamental para el bienestar y el desarrollo familiar de todos los miembros de la familia. No es algo que cambie de la noche a la mañana y es duro ver las consecuencias que se pueden estar sufriendo en esta situación, pero quedarse ahí no va a solucionar el problema por sí solo, así que habla, pide ayuda y poco a poco todo se irá recolocando y curando.

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