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Cómo no repetir siempre lo mismo o cómo dejar de tropezar con la misma piedra

No es fácil cambiar patrones de actuación, porque son automáticos en nosotros. Lo más importante es tener la intencionalidad de quererlos cambiar y comenzar la difícil tarea de darnos cuenta y actuar, pudiendo escapar del miedo y de la desesperación que genera que siempre nos ocurra lo mismo.

Empecemos por las creencias que tenemos de nosotros mismos. En mayor o menor medida todos tenemos una idea preconcebida de lo que somos y de nuestras capacidades, pero por un momento pararos a pensar ¿es real? ¿es algo que aprendí de pequeño? Desde una edad temprana aprendemos en nuestro hogar y recibimos mensajes que nos ayudarán o entorpecerán a la hora de desarrollar nuestra vida adulta. Por ejemplo, si desde la infancia estamos acostumbrados a recibir mensajes como “no te has esforzado lo suficiente” “así no vas a llegar a ningún lado” “estudiar es tu trabajo”, etc., es muy probable que la autoestima se vea afectada y que no aprendamos a valorar nuestros logros, generando sentimientos de infelicidad en la persona.

Aunque no nos demos cuentan, somos nosotros mismos los que en muchas ocasiones provocamos que nos ocurra lo mismo. Lo tenemos interiorizado a nivel subconsciente y no percibimos que pueda ser de otra manera.

Crecemos aceptando lo que somos o lo que nos han inculcado que somos y hasta donde podremos llegar. De esta manera, si crecimos en un hogar en el que estábamos sobreprotegidos, nos daban todo sin tener que esforzarnos ni enseñarnos su valor, etc., son mensajes que pueden hacer que la persona no desarrolle su tolerancia a la frustración y crea que siempre tiene la razón o que los demás están a su servicio. Estas creencias que formarán parte del desarrollo de su personalidad le generan problemas en su etapa adulta, tanto en las relaciones laborales como personales.

Esto son sólo dos ejemplos de cómo nos condicionamos desde la infancia, no sólo en el hogar, sino también en la escuela. Se nos otorga un rol, podemos ser etiquetados de una determinada manera y eso hará que nuestro desempeño se vea marcado por ella.

Lo primero para poder dejar que culpar a la suerte de lo que nos ocurre es responsabilizarnos de las situaciones. Las cosas no salen mal porque queramos que eso nos ocurra, no somos culpables, pero sí debemos ser responsables de nosotros mismos y de si algo no nos gusta o hemos hecho algo mal, cambiarlo.

Para poder hacernos responsables, es importante conocerse, pero de verdad, no a partir de los juicios de los demás. Poder pararnos, mirar hacia adentro y poder “ver” en profundidad cómo somos, quiénes somos, cuáles son nuestras fortalezas, nuestras debilidades, qué nos motiva, qué nos irrita, etc. Cuando uno se embarca en el viaje del autoconocimiento encontrará cosas que no le gusten, pero el primer paso para poderlas cambiar es verlas. Y también nos ayudará a darnos cuenta de lo mal que nos tratamos a nosotros mismos en muchas ocasiones.

Una vez que tomemos consciencia de nosotros mismos, podremos decidir qué queremos de nosotros mismos. Si nos conformaremos con que nos siga pasando lo mismo en muchas ocasiones o si a través del autoconocimiento podemos hacer algo para cambiar las cosas.

No será un camino corto, ni fácil, pero te permitirá tomar decisiones desde un plano más real de tu vida, dejar de funcionar en modo automático y de tropezar siempre con las mismas piedras. Te permitirá tomar las riendas de tu vida y mejorar tu relación contigo mismo y con los demás.

Que nos deje de ocurrir siempre lo mismo, implica un gran crecimiento a nivel personal que ayudará a tus sentimientos, pensamientos y acciones. Al fin y al cabo, atraemos a nuestra vida lo que somos y saber lo que somos es fundamentar para lograr nuestros objetivos y nuestra felicidad.

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