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Cómo influye nuestra infancia cuando elegimos a una pareja

Por tanto, teniendo en cuenta nuestra historia de vida y las experiencias que hemos vivido durante la infancia, ¿de qué forma vamos a relacionarnos con nuestra pareja en función del apego que hemos adquirido? Es importante tener en cuenta que de manera inconsciente muchas de nuestras vivencias, experiencias o miedos son transmitidos en nuestras relaciones.

Pensemos en un ejemplo: Imagina que tu pareja ha salido de casa durante un tiempo con unos amigos. A la hora de irse, le envías un mensaje para saber dónde está, con quién está, para saber qué hace o si lo está pasando bien.  Quizás tu pareja no contesta a estos mensajes, porque en ese momento no quiere o no puede contestar. Tú cada vez te vas sintiendo más nervioso y empiezan a aparecer todo tipo de pensamientos en tu cabeza.

En este caso nos encontramos ante un tipo de apego inseguro ansioso o ambivalente. Estas personas durante su infancia se encontraron con conductas impredecibles por parte del cuidador, es decir,  satisfacían sus necesidades de forma intermitente. Aprenden a que tienen que llamar de forma intensa e insistente a su cuidador para que esté atienda sus necesidades, no hay una sintonización con las necesidades del niño. Ante esta situación, nos encontramos con niños que no han sido calmados, es decir, hiperactivados.

Además la forma de cuidado es a través de la sobreprotección. Por tanto, estas personas se sienten inseguras en las relaciones y consigo mismas. La forma que tienen de calmar la inseguridad y el malestar es a través de la búsqueda de reconocimiento constante en el exterior y en este caso principalmente en su pareja.

Por esta razón, suelen ser personas muy complacientes que dejan de lado sus propias necesidades para atender las necesidades de su pareja, dándose un sobre-cuidado. Busca el bienestar en la pareja, por lo que sus emociones son muy variables y dependientes del exterior, dado que la forma de regular sus emociones será siempre a través del otro, además sólo sentirán calma cuando su pareja esté a su lado. Puede aparecer también desconfianza, miedo al abandono y a la soledad, pudiendo encontrarse la persona en relaciones de dependencia emocional, buscando en su pareja aquellas carencias afectivas de la infancia.


Al igual que estas personas se encuentran más cómodas en la relación e intimidad con los otros, por el contrario, las personas con estilo de apego evitativo, se encuentran más cómodos en soledad y autonomía. ¿Cómo se da este tipo de apego? Durante la infancia no hay una validación emocional por parte de los cuidadores. El niño aprende que estar triste o llorar no es adecuado y que mostrarlo puede conllevar un rechazo por parte de los demás.

De manera implícita el mensaje que el niño recibe, es que hay un mayor reconocimiento por parte de los cuidadores si no muestra emociones y que si no lo hace, sus padres se mostrarán físicamente más cercanos a él. Evita la cercanía con los otros para prevenir un posible rechazo, aprende que tiene que valerse por sí mismo y que no puede confiar en los demás,  dado que apenas han obtenido un cuidado de sus necesidades emocionales a través de los cuidadores.

La consecuencia que aparece ante la ausencia física o emocional de la figura de protección, es que el niño y el futuro adulto se regulará emocionalmente con algo que pueda sustituir esta ausencia: ocupándose con tareas, trabajando más horas de las necesarias, a través de la comida, empleo de drogas o alcohol, pudiendo incluso aparecer conductas patológicas.

Las personas con este tipo de apego tenderán a tener cierta incapacidad a la hora de intimar con otras personas en las relaciones de pareja, empleando así un mecanismo de protección. Habrá una mayor dificultad a la hora de entender emociones de sí mismo y de su pareja, así como de expresarlas, siendo la evitación la forma de regular sus propias emociones, es decir, no habrá cabida para ellas y no las tendrá en cuenta. Pudiendo ser este un problema presente en la relación de pareja.

Digamos que la persona desactivará o reprimirá, a través de estas respuestas que pone en marcha, su sistema de apego. Parecen personas muy seguras y efectivas en la relación, pero porque han reprimido aquellas carencias afectivas y aquella parte vulnerable que se encuentra en su interior, no queriendo hacerlas conscientes. Además sienten que no necesitan a nadie, pero recordemos que somos seres sociales y necesitamos el contacto con los otros, por lo que la persona se encuentra ante un problema.

En ocasiones no somos conscientes de qué es lo que nos está generando malestar en nuestra relación de pareja o en nuestro día a día, en la mayor parte de los casos el origen se encuentra en nuestra infancia y las experiencias vividas en esta. A partir de las heridas emocionales generadas en la infancia iremos conformando nuestra personalidad e identidad, ¡es necesario identificarlo para empezar a sanar!

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