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Los beneficios emocionales de hacer punto

Hacer punto está de moda. ¿Quieres saber por qué?

Hacer punto tiene muchas ventajas. Confeccionar los jerséis a tu gusto, elegir el ovillo, o los ovillos, de lana que deseas para esa empresa, sentir cómo la prenda coge forma hasta hacerse realidad, disfrutar con la sensación de que has hecho un buen trabajo, presumir ante amigos y familiares de tu hazaña, convertirlo en un regalo y, por qué no, ahorrar dinero con ello, sabiendo, además, que la calidad es superior a la que presentan muchos de los jerséis que encuentras en las tiendas, no tiene precio.

¿Y si a ello le añadimos los beneficios emocionales que tiene hacer punto? Seguro que, cuando leas esto, cogerás las agujas convencido de que, además, hacer punto es bueno para tu salud mental. Tal es así que ya hay terapias centradas en este ejercicio como medio para conseguir mejorar la estabilidad emocional y la agilidad de nuestro cerebro.

La lanaterapia, que es como se conoce, puede realizarla cualquier persona, no importa el sexo ni la edad, pues es muy beneficiosa para todos. No solo es sumamente útil para relajarse, sino que se ha comprobado que ayuda a reducir los momentos de estrés, así como la ansiedadpropia de estos estadios. Igual que sucede con la lectura, al hacer punto estamos concentrados en el proyecto que nos traemos entre manos, con la vista puesta en las agujas, por lo que todo lo que discurre a nuestro alrededor pierde sentido. 

¿Cuál es la consecuencia más evidente de esta calma? Pues que nuestro estado de ánimo también mejora, ya que las hormonas que liberamos mientras tejemos hace que nos sintamos a gusto, satisfechos y felices.

También hemos dicho que mejora la agilidad cerebral. Ello es así porque hacer punto favorece la coordinación motora y mental. Pone a trabajar nuestro cerebro, lo cual fomenta el desarrollo de la actividad mental, lo que resulta muy beneficioso sobre todo en personas mayores, ya que ayuda a retrasar problemas relacionados con el envejecimiento. En cuanto a la coordinación motora, aporta agilidad a las manos y reduce los problemas de motricidad fina. De ahí que hacer punto sea bueno para niños con trastornos motrices o con problemas de movilidad. Y que también sea muy recomendable en personas que padecen artritis, artrosis, reuma, etc. El continuo movimiento de los dedos y de las muñecas conforme movemos las agujas con la lana es un estimulante ejercicio para reducir estos síntomas, e incluso para prevenirlos, en algunos casos.

Finalmente, hacer punto también es bueno para nuestro desarrollo social. No hay más que ver como en algunos pueblos las abuelas se reúnen en invierno en torno a la lumbre para hacer punto mientras hablan y se relacionan. Es un acto de socialización, de integración en el grupo. Y no es algo que solo veamos en los pueblos o entre las personas mayores. Hacer punto también se está convirtiendo en un ejercicio de moda entre los más jóvenes, que realizan quedadas para compartir su trabajo e intercambiar ideas.

Con el invierno a la vuelta de la esquina, qué mejor idea que hacer punto este invierno. Da igual que sea solo o acompañado, lo que importa es que encontremos tranquilidad y reposo con esta actividad tan placentera a la par que estimulamos nuestro cerebro.

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