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El perdón a uno mismo y a los demás PARTE 1

Ensayo sobre el perdón

Este artículo es una reflexión sobre el perdón, una situación que nos encontramos con frecuencia en terapia cuando alguien es dañado o cuando alguien daña a otro. Se trata de un ensayo porque no se dará información o pautas sino una reflexión sobre este proceso tan importante para la reparación de un daño, que al fin y al cabo; acudimos a terapia porque sentimos dolor.

En primer lugar, cuando hablamos de perdón, me parece imprescindible entenderlo como un proceso de perdón más que como un acto de conciliación; pues es dinámico y no con decir la palabra perdón basta para cerrar las heridas, para cambiar la tristeza, venganza, culpa o rabia asociada al daño. Además, no tiene sentido hablar sólo del perdón, sino necesariamente apelar a la reparación, pues si no: ¿para qué alguien iba a querer perdonar o ser perdonado?

En segundo lugar, en un proceso de perdón hay víctima y victimario, lo que diferenciaría el perdón a uno mismo cuando la víctima somos nosotros mismos o somos el victimario; del perdón a interpersonal a un victimario que nos ha dañado. Dado que se trata de procesos diferentes que implican emociones y vías de reparación distintas, los consideraré por separado.


El perdón a uno mismo: perdón intra-personal

El perdón intrapersonal está motivado por la auto-compasión y aceptación, para sanar las heridas que hemos causado a otro y las heridas personales a partir de las que empleamos la agresión o el daño en las relaciones con los demás.

Esto se traduce en una mirada de empatía y aceptación hacia uno mismo y hacia la propia herida; que permite entrar en contacto con ella, y curarla en lugar de rechazarla o mirarla con juicio y auto-crítica. Cuando los pacientes miran sus propias heridas internas con desprecio, esto dificulta su sanación porque al rechazarlas no se pueden hacer cargo de ellas y sólo perpetúan la auto-inculpación, la vergüenza o el enfado hacia sí mismos que no posibilita el cambio. Sin embargo, la noción de empatía hacia las heridas internas es intrínsecamente curativa.

Esto diferencia el perdón a uno mismo del perdón a otros, porque en este primer caso, probablemente la comprensión, compasión, empatía y aceptación sean la manera de no perpetuar el daño; mientras que en el perdón a otro que nos ha agredido podemos tomar la decisión de tener esa mirada o no: ¿queremos y podemos empatizar nuestro agresor?  Este tema lo abordaré más adelante en el perdón interpersonal.

Respecto al perdón a uno mismo, implica abandonar el resentimiento y reconocer el error cometido, antes de poder generar compasión. Puede darse la situación de que yo sea mi propia víctima y victimario cuando hablamos de perdón a uno mismo, pues las personas nos generamos malestar a través de pensamientos, sentimientos, acciones o decisiones.

No obstante, me centraré más en el caso del daño causado a otro. En este proceso resulta terapéutico asumir la culpa, no tratando de exculparnos ni minimizar el daño causado porque entonces ni podemos repararlo ni podemos perdonarnos. La culpa es una emoción que puede favorecer la ayuda al otro, haciendo cosas para sentirnos bien con nosotros mismos.

Por ejemplo, se ha encontrado en personas que han participado en la guerrila, que la culpa les motiva a ayudar a otros a formarse y no caer en esas redes criminales. Es importante por ello reconocer no sólo que se ha cometido un error que ha causado daño a otro, sino sentirlo así y apropiarse de esa culpa porque la emoción puede motivar el cambio.

Sin embargo, es importante matizar que la culpa o la vergüenza que podamos sentir por dañar a otro no debe instalarse como una forma de auto destrucción, sino de inicio de reparación y ayuda a nosotros mismos y a la víctima, para traducir la culpa y vergüenza en responsabilidad, en hacerse cargo.A veces, se considera la opción de hablar con la víctima para tratar de reparar algo de su herida, pero esto está sujeto a las posibilidades y voluntades de víctima y victimario.

El perdón a otro: perdón interpersonal

Para que un perdón sea completo, necesita transformar los sentimientos displacenteros de rabia, rencor, venganza, odio, tristeza, o miedo en aceptación y tolerancia que implican que la herida está ahí pero no sangra; y todo ello supone un esfuerzo que la víctima puede elegir hacer o no; pero independientemente de lo que escoja, la reparación es posible.  

En cualquier caso el perdón interpersonal no se basa en negar lo ocurrido sino en que esos sentimientos no sean incapacitantes, porque instalarse en ellos implica que hacemos al otro dueño de nuestra vida, el pasado nos condiciona, mantenemos vivo al agresor en nuestra historia vital y eso es limitante.

La víctima puede elegir hacer o no este proceso, puede interpretar que no perdonar le da fuerza para seguir con vida y la rabia es una manera de protegerse de futuras agresiones, de defenderse. O incluso también que el agresor no se merece el perdón.  También puede suceder lo contrario, que en el proceso de perdonar encuentre la paz y la posibilidad de dejar ir el dolor. En cualquier caso, no hay estudios que argumenten que perdonar es mejor que no perdonar ni viceversa, se trata de lo que cada persona pueda y quiera hacer. Lo que sí es importante se decida lo que se decida, es la reparación, que es de hecho una de las finalidades del perdón.

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