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El perdón a uno mismo y a los demás PARTE 2

La reparación del daño

Cuando viene a consulta una persona que ha recibido un daño por parte de otro, se generan muchas preguntas: ¿cuál es el daño? ¿dónde está ese daño? ¿cómo repararlo?

Es muy habitual encontrarse con estas situaciones en terapia donde el paciente acude a consulta enfadado con una persona que le ha hecho daño, pues  cualquiera ha podido recibir un comentario humillante por parte de alguien significativo, frente al que respondió con enfado descalificando al agresor, o con miedo, evitándole. Es importante atender a la reacción ante el daño, pues va a determinar la resolución del proceso de perdón: el enfado impide ver el daño.

Normalmente, el enfado es una emoción defensiva que no permite ver cuál es el daño emocional ni reparar el daño porque a través del resentimiento nos centramos en el culpable y no nos hacemos cargo del dolor. La fase de enfado es normal porque permite detectar la injusticia, no obstante hay que atravesarla para poder sanar la herida sangrante.

Por ello es importante ayudar a la persona a ver más allá de su enfado y cuando los pacientes se orientan a la propia experiencia y no al otro, suelen poner metáforas que apuntan a un daño emocional, y esto orienta la reparación pues nos dice dónde hay que reparar. También se puede establecer un diálogo con el agresor que puede reparar o no; en cambio, una resolución hacia dentro permite acceder a lo dañado, nuestra vulnerabilidad; y generar auto-compasión, auto-afirmación y empoderamiento.

En otras ocasiones, los pacientes llegan a consulta con daños que no están en el presente sino en su pasado: adultos que manifiestan tristeza, rencor o dolor indiferenciado hacia cuidadores, padres y madres; que no satisficieron sus necesidades, que no estaban disponibles, que no les protegieron, que les hicieron sentir avergonzados, poco valiosos, rechazados, abandonados, humillados, etc.

En este caso, es importante también situar cuál es el daño (de qué está hecho ese dolor, cómo se siente), dónde está (en el presente en forma de asunto no resuelto y qué lo perpetúa), e iniciar un proceso de perdón hacia la figura significativa en el que la persona tome consciencia de su herida y pueda auto-afirmarse.

En ocasiones puede situar la culpa en el otro, o puede ver que sus necesidades siguen siendo importantes, o que los cuidadores no sabían o no podían cubrirlas. Para que este proceso se complete no es necesario que la figura significativa real pida perdón, sino que la persona se pueda ocupar de darse a sí misma lo que no la dieron y pueda resolver sus sentimientos de rencor.

El último caso, es cuando el agresor ha sido un abusador o maltratador que ha ejercido violencia física, psicológica o sexual sobre la víctima. En este caso, a diferencia del anterior, perdonar a una persona con la que no tenemos vínculo puede no ser tan importante como reparar directamente el daño. Sin embargo en ocasiones, el agresor es una persona cercana a la que se tuvo afecto y la agresión ha sido traumática, y por tanto lo que hay que reparar es mayor porque se ha destruido la confianza básica en el ser humano, la idea del mundo como un lugar seguro, y la persona se vive en peligro.

Trauma de Apego
 En este caso, sobre el perdón es importante que la víctima escoja lo que quiere y puede hacer; y en ocasiones se emplea la justicia en los tribunales como forma de reparación o de inicio de esta. No obstante, en mi opinión personal la reparación va más allá del alivio de castigar a un culpable u obtener indemnización económica; pues hay que reparar donde realmente está el daño: en el mundo interno y emocional de la víctima. En mi experiencia acompañando a mujeres víctimas de abuso sexual, he encontrando mujeres que deseaban perdonar al agresor para obtener paz y otras que deseaban vengarse.

No hay recetas para esto, por ello si alguna está planteándose el perdón, yo invitaría a reflexionar más allá de los ideales morales, espirituales o religiosos de cada que inviten a perdonar. Es decir, teniendo en cuenta que puede ser un proceso doloroso que implica esfuerzo, es útil encontrar motivos para hacerlo o no, pudiendo preguntarse: ¿para qué perdonar?, ¿por qué perdonar?, ¿qué quiero conseguir?, ¿cómo espero encontrarme?, ¿qué hace falta para perdonar al otro?, ¿perdonar me permitirá encontrarme como yo espero estar? La persona puede desear que el otro pida perdón, pero no es lo mismo entender el perdón como un proceso de ser reparado por quien nos dañó, a entenderlo como una forma de hacerse cargo de ese daño y repararlo internamente.

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