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El problema de la disfunción eréctil

¿Qué es la disfunción eréctil?

La disfunción eréctil es la dificultad para mantener la erección durante la relación sexual, de manera total cuando no hay erección, o parcial cuando se pierde la erección una vez conseguida. Puede producirse antes del coito, al intentar la penetración, o durante el coito.
 
Esta dificultad se relaciona con la excitación sexual, e impide mantener relaciones sexuales satisfactorias. Se diferencia de otras disfunciones en que no necesariamente implica una falta de deseo sexual, o una dificultad para llegar al orgasmo.

De hecho, la mayoría de varones con disfunción sexual tienen un alto nivel de deseo, y su angustia viene porque no pueden expresarlo en el coito. No obstante, el deseo sexual puede verse afectado cuando la disfunción es muy habitual y no se encuentra solución. Por otro lado, el orgasmo no tiene porqué verse necesariamente alterado, dado que se puede eyacular sin erección; si esto sucede se debe principalmente a que la relación sexual se frena.
 
La disfunción eréctil es más frecuente de lo que parece, según la Fundación Sexpol el 50% de varones han tenido una disfunción eréctil en alguna ocasión. Sin embargo, sigue siendo un tema tabú en nuestra cultura, debido a los mitos sobre la masculinidad que implican en el varón sentimientos de vergüenza, frustración, y pérdida de auto estima. Por ello, se asocia frecuentemente con ansiedad, depresión, insomnio, culpa, complejos físicos, miedo al fracaso en la relación sexual, miedo a no complacer, y miedo al desempeño en su sexualidad.
 

¿Por qué me pasa el problema de la disfunción eréctil?


Las disfunciones sexuales pueden producirse desde siempre cuando la persona no recuerda haber tenido una relación sexual sin disfunción, y en este caso la causa es normalmente física-orgánica, por lo que es recomendable acudir a su médico de cabecera. Sin embargo, es más frecuente que se inicien a partir de una relación sexual concreta, dividiendo su vida en dos etapas, antes y después de la disfunción. La etapa de disfunción no ocurre de la misma manera, dado que pueden alternarse relaciones sexuales con y sin disfunción según:
 

  • La actividad sexual, por ejemplo, excitarse en la masturbación pero no durante el coito, o cuando hay erección en los sueños pero no durante la vigilia
  • Lo que erotice a la persona, por ejemplo, excitarse con un amante pero no con la pareja
  • La circunstancia, por ejemplo, excitarse en lugares públicos pero no en habitaciones privadas.

 
En cualquier caso, la disfunción se instaura por un círculo vicioso de ansiedad. La primera disfunción se inicia en una relación sexual donde o bien se ha consumido alcohol, determinados fármacos o drogas; o bien se ha practicado sexo estando estresado por diferentes motivos (alguna preocupación vital, con miedo a no complacer o no tener un buen desempeño, o acomplejándose por el pene). Esto da lugar a una primera relación sexual insatisfactoria que preocupa a la persona.

Tras ella, si la persona inicia la siguiente relación sexual en estado de ansiedad por los miedos que le generó aquella experiencia, empieza el problema. La ansiedad es el verdadero enemigo de la excitación sexual porque, directamente, impide la erección del pene. Esto hace que la segunda vez, la persona viva la relación con fracaso, culpa o miedo, y entre en un círculo vicioso que genera ansiedad. Pero realmente, la dificultad no está en el desempeño sino en tratar de mantener relaciones sexuales en un estado de ansiedad que es contrario al nivel de relajación necesario para que la relación sexual sea satisfactoria y permita la erección.
 

¿Por qué se mantiene el problema?


Cualquier excitación sexual empieza con un estímulo que vemos como sexual, es decir, algo nos erotiza como una imagen, una situación, una persona, una acción, un pensamiento, o un recuerdo. Esto activa en nuestro cuerpo el sistema de la relajación que nos permite iniciar la actividad sexual.
 
Una persona con disfunción eréctil vive la relación sexual con ansiedad, y lejos de centrar su atención en aquellas cosas excitantes de la situación o de su fantasía, se centra en elementos que realmente no son eróticos. Esto hace difícil conectar con su erotismo, placer y sensaciones. Por ejemplo, se presiona sobre su desempeño (“tengo que funcionar”), anticipa que va a fracasar, lleva su atención hacia el pene de manera obsesiva comprobando si está erecto y pensando sobre este de manera angustiosa; y en definitiva, razona en lugar de abandonarse a sus sentidos y placer, lo cual genera más angustia.
 
Además de la ansiedad, hay ciertas creencias y acciones que pueden mantener esta situación produciendo una relación sexual angustiosa, como por ejemplo:

  • No estimular el cuerpo como todo un órgano para sentir placer y centrarse en la penetración como única fuente de placer.
  • Pensar que el orgasmo sólo se alcanza en el coito.
  • Centrarse exclusivamente en complacer al otro, es decir, medir nuestra capacidad sexual en función a los gestos o placer que creemos que siente la otra persona, en lugar de atender a nuestras propias sensaciones o placer. Así, tomamos el criterio del otro como medida de nuestras capacidades, lo cual no es muy útil para sentir nuestro propio placer.
  • Entender el coito como un resultado o meta, que está bien o mal, en lugar de entenderlo como un camino para disfrutar. Es importante tener en cuenta que el principal criterio para tener una relación sexual satisfactoria es que nos genere placer durante el proceso, no el resultado; y la exigencia genera más ansiedad.
  • Estar muy pendiente del propio comportamiento sexual y el pene para tratar de manejar la ansiedad, juzgando lo que hacemos, pues esto genera aún más ansiedad en la medida en que no estamos conectando con nuestros sentidos sino razonando sobre lo que pasa.
  • El mito social de que una relación satisfactoria implica que sea frecuente, variada en posturas y cansada, cuando en realidad el único criterio para que una relación sea satisfactoria es que nos genere placer. 

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