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Psicología Afirmativa: apoyo a personas LGBTTIQ

QUÉ ES LA PSICOLOGÍA AFIRMATIVA
¿Extravagancia y capricho o necesidad no satisfecha?

Psicología Afirmativa: apoyo para personas LGBTI  

El tema del presente artículo se enmarca dentro de la calificada como Psicología Afirmativa. Esta corriente de la Psicología está centrada en las problemáticas que pueden surgir en población de orientación no heterosexual, tales como la aceptación de su orientación sexual, gustos, deseos en relación al propio cuerpo, validación y aceptación de su subjetividad.

Parece difícil negar que en la época actual la presencia de multitud de sexualidades. Se quiere hacer especial hincapié en la pluralidad del término, dada la variedad de orientaciones sexuales existentes y conceptualizadas hoy en día (ej: homosexualidad, pansexualidad, transexualidad, intersexualidad, etc.).

No obstante, la dificultad en la negación de esta(s) realidad(es) no impide que, en multitud de ocasiones, este gran abanico de opciones sea visto por gente que no se siente amparada por el mismo como un capricho o una excentricidad, llegando incluso a utilizar términos enormemente despectivos que no es necesario citar aquí pero que el lector muy probablemente pueda rescatar de su memoria.

El objetivo de estas líneas es, en primer lugar, describir uno de los posibles mecanismos que rendirían cuenta del origen de un comportamiento muchas veces calificado como extravagante, excéntrico o estrambótico. En segundo y último lugar, se procurará explicar las razones por las cuales la terapia puede resultar de enorme ayuda para la persona que acude a consulta en términos generales, pero relacionándolo con el tema mencionado al principio de estas líneas.

Como seres humanos, nuestra llegada a este mundo se caracteriza inicialmente por una gran vulnerabilidad, y por ende, por una enorme dependencia respecto a nuestras figuras de apego. En tanto que mamíferos, precisamos de nuestros progenitores para alimentarnos, regular nuestra temperatura o regularnos emocionalmente.

Más adelante, con el incremento en la complejidad de la situación como personas en desarrollo, los padres han de satisfacer otras necesidades como el  vernos seres capaces y competentes o devolvernos una imagen de nosotros mismos que nos estructure como personas válidas y aceptadas en el mejor de los casos. Lo que ocurre en el seno familiar, es decir, en el triángulo niño/a-madre-padre, se verá reflejado en la vida adulta cuando el ahora niño/a y futuro/a adulto/a se relacione con su entorno y con figuras que se encuentran fuera del sistema familiar.


De aquí se desprende la importancia de aquellas funciones que han de ser ejercidas por los padres, puesto que, como decíamos, lo que ocurre durante las primeras fases del crecimiento desde el punto de vista psicológico y relacional repercutirá en el desenvolvimiento de la persona de nuevo desde el punto de vista psicológico y relacional durante la edad adulta. Una de las funciones ejercidas por parte de los padres es la denominada especularización. La especularización se trata de un concepto complejo pero que, de forma resumida, puede describirse como el traslado y estructuración de la manera de ver a su hijo por parte de los padres al propio hijo.

Es decir, los padres, al igual que un espejo, nos devuelven una identidad que revierte sobre la manera en la que tenderemos a vernos, apreciarnos y vivirnos el día de mañana. Como se comentaba con anterioridad, en el mejor de los casos, dicha especularización se traducirá en una autoestima sólida y un autoconcepto que nos permita vivir en paz con nosotros mismos y en relación a los demás. En otros casos, esto no se da.

Retomemos de nuevo aquellos casos donde algunas personas de una orientación sexual no mayoritaria son calificadas como extravagantes o exageradas y relacionémoslo con el proceso de especularización. De la misma manera que a un niño al que se le ha devuelto de sí mismo (se le ha especularizado) una imagen negativa, teñida de incapacidad, torpeza e ignorancia, trate de escapar de ese lugar en su vida adulta intentando demostrar frente al mundo que es una persona capaz, inteligente y válida o desarrollando una sensibilidad especial a la crítica, una persona que, desde bien pequeña siente que su orientación sexual difiere del establishment aún predominante y no siente ser vista y sentida (especularizada) así por sus padres, es probable que pueda desarrollar ciertas actitudes compensatorias, cuya función sea.

En resumen, la de exigir que se le vea de forma congruente a la manera que tiene de verse, sentirse y sentir a los demás. Atendiendo a los pormenores de la cuestión, no estaríamos por tanto hablando de una persona histriónica estrafalaria, estaríamos hablando de una persona a la que le gustaría ser reconocida en sus sentimientos, gustos y orientación. No se trataría por lo tanto de un capricho, se trataría de algo extremadamente profundo que pide a gritos ser visto tal y como es.

La terapia puede suponer una enorme ayuda para casos como el descrito. La terapia es muchas veces descrita (en parte) como una experiencia emocional correctiva. Esto quiere decir que la terapia, es decir, el encuentro entre dos subjetividades, puede suponer un lugar donde la persona que acude y que sufre algún tipo de herida emocional pueda experimentar formas distintas de sentir, verse o vivirse en comparación a como lo había estado haciendo hasta acudir a terapia.

Resumiendo, la figura del terapeuta puede proporcionar al paciente todo aquello de lo que no dispuso cuando más lo necesitaba. El terapeuta puede hacer sentir a la persona que acude que efectivamente, lo trata y percibe de la misma manera que lo hace el propio paciente, validando así sus experiencias, esquemas y comportamientos frente a sí mismo y frente al mundo.

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